Soy valenciano de cuna y corazón y hermano de dos maravillosas personas a las que veo menos de lo que quisiera. Mis primeras pasiones deportivas fueron el baloncesto en el colegio y el instituto, y el rugby en la universidad. Entremezclados también con tenis, squash y pádel. Tras dejar la universidad, empecé en mi primer trabajo. Los horarios y ubicación me complicaron seguir los entrenamientos y me obligaron a dejar el rugby. Fue en esa época en la que me adentré en el flexible mundo de la carrera, aunque de manera irregular e inconsistente.

Estoy felizmente casado con Cris, mi compañera de vida, y tenemos dos fantásticas hijas. Ellas siempre serán mis princesas (aunque hace tiempo que ya no lo son), con carácter y personalidad, algo que siempre anima el día a día de nuestras vidas.

Mi trabajo como comercial en el sector de la logística del automóvil, en el transporte marítimo, me ha dado la oportunidad de viajar mucho y residir en diferentes países. Fue durante nuestra estancia en Francia cuando conocí por primera vez el triatlón. Por aquel entonces, solo corría de vez en cuando y la cosa quedo en simple curiosidad por ese deporte que en realidad son tres.

Cuando nos trasladamos a Grecia continué corriendo, quizá con algo más de frecuencia. Pasado un tiempo, y en un claro ejemplo de cuanto sobrevaloramos nuestras capacidades a corto plazo, me apunte al Maratón de Atenas. El 25º aniversario del auténtico maratón que sale de ciudad de Maratón (Marathónas) y termina en el antiguo estadio olímpico de Atenas. ¿¿ Quién puede resistirse ??

La verdad es que debí resistirme. Fue una auténtica locura y estuve los dos días siguientes casi sin poder andar.

Pero hubo un antes y un después de aquel día. Descubrí el placer de marcarte un objetivo difícil, cumplir con el proceso de preparación, aunque este no fuera bueno, y afrontar una carrera larga (en aquel momento me pareció eterna).

Cuando nos trasladamos a Bélgica, mi curiosidad por el triatlón me llevo a contactar con el Brussels Triathlon Club, BTC, y ahí empezó todo. Mi primer triatlón fue un sprint en 2009, el Sabic Triathlon en Stein. Y el primer olímpico, el Holten ETU Triathlon, Campeonato de Europa, donde tuve el honor de correr con el equipo español (demasiado lejos para que asistieran algunos de los que se habían ganado su plaza), y de llegar el último de mi grupo, 35-39 Male AG. Se me hizo largo, duro y algo vergonzoso, pero me quedé enganchado.

La estancia en Bélgica apenas dura un año y ya de vuelta a Madrid, el Reebok Sports Club tomo el relevo del BTC, después llego el Club A6 y ahora el X3M Triatlón.

Pronto quise estirar la distancia olímpica al siguiente nivel, el Half Ironman. Este llego en 2010 en Elche. Más duro y más largo, pero con mejores sensaciones y resultado. Y al Tri de Elche le siguieron el IronMad de Canet, el AstroMad de Robledo, otra vez Elche, el Challenge de Barcelona y el Ican de Marbella.

Y llega el final del verano de 2011. A punto de cumplir los 40, charlando en un entrenamiento de carrera con Juan, Jaime, Marco, Santi y Jose Luis, surgió la pregunta. Y si…? Cuatro consultas y dos reflexiones después, ya estábamos todos inscritos al IM de Austria de 2012, en Klagenfurt.

La distancia IM, aunque es menos intensa, es mucho más larga. Y no me refiero a la competición en si. Sobretodo la preparación, y si no estás mentalizado, se puede hacer también mucho más dura. Pero una vez comienzas, y coges un poco de inercia, y vas cumpliendo etapas, y mejorando… Y llegas a la carrera, y comienzas a nadar… Y llegas a la T1, coges tu bici y vas recorriendo kilómetros, y sigues bien… Y terminas el recorrido, llegas a la T2 y sales a correr, y ya solo queda el maratón… Y los kilómetros van pasando, y sigues corriendo… Y al final llega la meta, y ¡¡ lo consigues !!. Es una sensación verdaderamente extraordinaria.

Es bastante obvio que la distancia IM no se puede improvisar. Se planifica y prepara con tiempo y se corre siguiendo una estrategia. Además, la fortaleza mental cuenta tanto como la física. Creo que estos aspectos encajan bien con mi personalidad. El no ser rápido en ninguna de las tres disciplinas y que se me dé mejor gestionar la fatiga, hace que la distancia Ironman se adapte mejor a mis cualidades y que la disfrute mucho más que las distancias más cortas.

Y supongo que estos son los motivos que han hecho que siga corriendo todos estos años. Una menor intensidad en el entrenamiento y la competición te permite también disfrutar un poco más del entorno y los compañeros. Es también menos lesivo para el cuerpo, una cualidad que con el paso de los años, es cada vez más importante.

Tras el último que hice en Niza en 2019 me planteé hacer un paréntesis sin triatlón para recuperar energía y motivación. La crisis del Covid-19 decidió por mí que el 2020 fuera un año de descanso.

Para el 2021 tengo dos objetivos 140.6 en mente. El primero, el 140.6 Inn de Platja d’Aro ya está en el bote. Para el siguiente tendremos que ir viendo cómo evolucionan las cosas y que podremos hacer.